Edición N° 2203
Registro DNDA N° 5356168

La Plata, Buenos Aires. Argentina
Opinion
Punto de vista

"El sistema de Salud está enfermo", por Pablo Del Cid (*)

El sistema de salud está enfermo. Y no es uno de esos resfríos de estación que se ven sin dejar secuelas. La enfermedad del sistema es grave, profunda y crónica, lo cual hace más difícil su resolución en el corto plazo...


Pero para entender de qué estamos hablando hay que tener una idea general de cómo está compuesto. Hay dos grandes grupos de actores, por un lado los financiadores es decir, los que pagan y por otro lado los prestadores, es decir los que dan servicios médicos o afines, ya sea instituciones privadas o profesionales.

Dentro de los financiadores están el estado, encargado de pagar a quienes desempeñan su tarea en instituciones de salud pública y la medicina privada, dentro de la que se encuentran las obras sociales (sindicales, provinciales y nacionales) y las empresas de medicina prepaga (dentro de las que se encuentran afiliados que derivan aportes desde las obras sociales y otros que eligen este tipo de cobertura y no cuentan con obra social).

Según los datos de la encuesta permanente de hogares que realiza el INDEC trimestralmente, el 63% de la población está cubierta por obras sociales y prepagas, mientras que el otro 33% no tiene cobertura de salud. De éstos últimos, el 30% se atienden en el sistema público y el 4% opta por la compra de un plan de salud voluntario en una empresa de medicina prepaga.

Como si esto fuera poco hay que sumarle las mutuales y cooperativas, las empresas gerenciadoras e intermediarias, las entidades intermedias de pago a prestadores, los proveedores de insumos, la industria farmacéutica y los laboratorios y los prestadores independientes de servicios.

Es casi unánime que se avecina una crisis de financiamiento que puede hacer tambalear seriamente todo si no se prevé y toman medidas de forma inmediata. No es el objeto de este artículo analizar la problemática de cada sector en particular, la cual tiene al menos dos versiones de acuerdo a la campana que uno escuche, pero si llamar la atención sobre algunos puntos salientes que deberían obligar a todos los que deberán asignar prioridades dentro de una agenda que se avizora cargada en los próximos años.

1) El sistema de salud pública da soporte por sí mismo a casi 15 millones de argentinos y argentinas.

Quien crea que lo que se destina de presupuesto a la salud pública es plata tirada, está ignorando este dato y por lo tanto cometerá un error garrafal e irreparable. No hay mejor forma de ahorrar dinero que llevando adelante programas de prevención de enfermedades.

Es muy bueno construir centros de diferentes niveles de atención, pero más importante aún es tratar de llegar antes que la enfermedad diga presente y la única forma de aligerarlo es a través de la medicina preventiva y las medidas de promoción y educación para la salud, lo cual incluye el correcto manejo de residuos, el control de la calidad del agua y los alimentos y el manejo de los efluentes cloacales.

En un mundo ideal deberíamos todos poder acceder a servicios de salud pública de calidad que se financie con los impuestos que se recaudan y solo por elección recaer en un servicio de medicina paga. Pero la realidad es otra, hemos llegado hasta este punto en el cual el universo es complejo, traccionado de diferentes puntos de acuerdo a los intereses y deseos de cada actor, donde a veces parece que el paciente no tiene ni voz ni voto y va como un manso cordero por el camino que le indican sin poder discriminar si es el más apropiado o el más seguro.

2) La caída del empleo repercutirá fuertemente en el sistema de las obras sociales. Los aportes dependen de la cantidad de trabajo privado registrado que se genera, por lo tanto ante una situación de despidos y suspensiones dichos aportes decaerán y los fondos que tendrán serán insuficientes para hacer frente a los costos de las prestaciones que deberán afrontar.

Si bien no todos los que están dentro del universo de obras sociales comparten los mismos problemas, es cierto que comparten un futuro de incertidumbre y dudas. En lo que va del 2019 por ejemplo, las empresas de medicina prepaga perdieron aproximadamente 40.000 afiliados. 

Si bien el número es poco representativo si tenemos en cuenta que por contratación directa o por derivación de aportes hay casi 6 millones de compatriotas cubriendo sus necesidades de salud por este medio, el número expresado, aunque en efecto goteo, muestra una clara tendencia que está directamente relacionada al ajuste de los valores de cuotas que han aplicado dichas empresas a sus afiliados.

3) Los prestadores de salud se encuentran en estado financiero delicado y si no se equilibra la balanza de pagos puede precipitarse el cierre de algunas instituciones de salud. A veces se dice que si las clínicas y hospitales están llenas no puede haber crisis en ese sector.

Esto es una falacia por varias razones, pero la principal de ellas es que el costo de brindar servicios de salud que cumplan con estándares básicos de calidad y seguridad, que se vayan modernizando de acuerdo al avance de la tecnología y que permitan a los pacientes transitar la enfermedad de la mejor manera posible es cada vez más elevado, haciendo muy difícil de sostener en el mediano plazo.

4) Una mención especial merece el PAMI. Para aquellos que no lo saben es la obra social más grande de Sudamérica, brindando servicios a más de 5 millones de jubilados, lo cual representa si se suman a la cobertura que brindan las obras sociales provinciales como el IOMA, el 40% del total de personas que se encuentran bajo la órbita de las obras sociales en el país.

El aporte mensual per cápita, es decir lo que PAMI destina mes a mes para cada uno de sus afiliados es de $ 2.509 a sabiendas que el requerimiento es en promedio 4 veces superior. No hay que ser un genio para darse cuenta que no alcanza para cubrir las necesidades de ese segmento de la población, que además enfrentará en los próximos lustros el desafío de brindar más servicios ya que el envejecimiento se está acelerando y la pirámide poblacional en el país comenzó a cambiar.

En 22 años de médico he tenido que atender a miles de pacientes, de los sectores y clases sociales más diversos, con todas las coberturas médica conocidas y algunas (muchas) que ya ni siquiera existen. He estado en el hospital público y he sido dueño de mi propia clínica, he atendido personas en situación de indigencia y personalidades del deporte y la farándula. 

Siempre he tratado de cumplir con el juramento que hice a la hora de recibir mi diploma, a veces puedo haber fallado, es parte de la condición humana. Pero aprendí algo fundamental que fue que más allá de las aparentes diferencias superficiales de formas todos temblamos de igual manera a la hora de enfrentar una enfermedad y mucho más cuando hay riesgo de vida, ya sea de propio o de algún familiar.

Ese sentimiento que nos hermana ante la adversidad es el que debería guiar las decisiones que se tomen de aquí en adelante con respecto al futuro del sistema de salud en nuestro país. Deberíamos pensar en el otro como si pensáramos que es para nosotros mismos y recién entonces decidir actuar.

Hay mucho trabajo por hacer, aún hay tiempo para rescatar un sistema que aunque enfermo gravemente no está aún desahuciado, pero la oportunidad se evapora mientras más tiempo demoramos y puede llegar a ser tarde si no dejamos los egoísmos de lado y nos ponemos a trabajar en un sistema equilibrado, justo, equitativo y de calidad. Recursos humanos hay de sobra, es hora de aprovecharlos al máximo. 

*Pablo Del Cid es médico clínico con más de 20 años de experiencia, y desde hace más de 10 años es pionero y referente del mindfulness en el país. Es además escritor, columnista de radio y televisión, conferencista y referente del espacio político "Convicción Democrática".