En declaraciones a diversos medios, Alonso apuntó directamente contra la organización del evento y la seguridad privada del club, señalando un “incumplimiento total de los protocolos” exigidos por Conmebol.
Según el funcionario, la Policía bonaerense había advertido desde el inicio del encuentro una actitud hostil por parte de la parcialidad visitante, ubicada en una bandeja superior. Durante el primer tiempo, se recomendó suspender el partido y desalojar las tribunas, pero la propuesta fue desestimada por el delegado de Conmebol.
Alonso detalló que la violencia comenzó cuando hinchas chilenos arrojaron objetos a los simpatizantes locales, lo que derivó en una brutal gresca tras la irrupción de unos cuarenta hinchas de Independiente en el sector visitante. “Destrozaron baños, arrancaron fierros, prendieron fuego. No hubo control”, denunció el ministro.
Además, defendió el accionar de la Policía provincial, aclarando que su responsabilidad se limita a la seguridad exterior del estadio. “No íbamos a reprimir en una tribuna donde había familias”, afirmó, y remarcó que la prioridad fue rescatar a los heridos y evitar una tragedia mayor.
Alonso también criticó a Conmebol por priorizar el espectáculo televisivo por sobre la seguridad: “Lo único que les importa es que las tribunas estén llenas para la transmisión. No aceptan tribunas vacías, a pesar del peligro”.
La jornada dejó un saldo de más de 100 detenidos, 20 heridos —dos de ellos graves— y un estadio visiblemente dañado. Para el ministro, “si el partido se suspendía en el primer tiempo, no hubiese pasado nada de lo que pasó”