Su intervención, breve pero cargada de contenido simbólico, se centró en la consigna que se convirtió en bandera del espacio libertario: “Kirchnerismo nunca más”.
Karina tomó la palabra en el Teatro San Carlos, minutos antes de que el presidente cerrara el acto. En lugar de referirse al escándalo por presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad —donde su nombre aparece mencionado en audios filtrados—, eligió enfocar su discurso en la militancia y en los episodios de violencia sufridos por simpatizantes del partido. “Quiero solidarizarme con toda nuestra gente, con nuestra juventud que fue brutalmente golpeada. No puede ser que los que piensan distinto le tengan que pegar a los otros”, expresó, en tono firme y con gestos de indignación.
La frase “kirchnerismo nunca más” fue repetida en varias ocasiones, como mantra de campaña y como cortina de humo frente a las acusaciones que crecen en torno a su figura. El silencio sobre el caso Spagnuolo —que involucra presuntos pedidos de dinero a cambio de favores institucionales— fue interpretado por analistas como parte de una estrategia de blindaje comunicacional. En lugar de confrontar el tema, Karina optó por reforzar el relato libertario y victimizar a la militancia.
El presidente Javier Milei, por su parte, agradeció públicamente a su hermana por su rol en la organización del partido a nivel nacional. “Gracias, jefe”, dijo, provocando una ovación entre los presentes. El gesto no solo consolidó el liderazgo interno de Karina, sino que también buscó disipar las dudas sobre su continuidad en el cargo.
La puesta en escena en Junín dejó en evidencia el doble juego del oficialismo: mientras se denuncia violencia política y se agita la consigna anticasta, se evita cualquier referencia a los escándalos que comprometen a sus propios funcionarios. Karina Milei eligió no hablar del caso que la involucra, pero su presencia y su discurso marcaron el tono de una campaña que se endurece y se encapsula en lemas cada vez más tajantes.