Durante una entrevista con CNN Radio, Kicillof explicó que la propuesta de encabezar una lista fue real y que estuvo dispuesto a aceptarla, pero optó por no formalizar su candidatura. “Me ofrecieron, estuve dispuesto a serlo porque sé lo que está en juego. Decidí que no, pero sí hacer la campaña como si lo fuera”, afirmó.
El mandatario defendió la estrategia de las candidaturas testimoniales, que han sido utilizadas por varios intendentes y funcionarios de su espacio político, como Verónica Magario y Gabriel Katopodis. “La dirigencia política tiene que poner el cuerpo dentro de lo legal. Valoro a cada dirigente que se presenta sabiendo que estamos en una situación de mucho peligro”, sostuvo.
Kicillof también aprovechó para responder a las acusaciones del presidente Javier Milei, quien denunció que el uso de la boleta tradicional podría facilitar el fraude electoral. “Si fuera un instrumento del fraude, él no sería Presidente”, retrucó el gobernador, acusando a Milei de formar parte de una “secta de ultraderecha internacional”.
La confesión de Kicillof se da en medio de una campaña marcada por la polarización, el escándalo de presuntas coimas que salpican a funcionarios nacionales, y una creciente tensión entre oficialismo y oposición. En este contexto, el gobernador bonaerense se posiciona como uno de los principales articuladores del discurso opositor, sin ocupar un lugar en las boletas, pero con fuerte presencia territorial y mediática.
El peronismo bonaerense apuesta a que su figura traccione votos en un escenario donde, según Kicillof, “la democracia y la soberanía están en peligro”