La derrota de LLA frente a Fuerza Patria por más de 13 puntos encendió las alarmas en el oficialismo. Pareja, responsable del armado de listas y la fiscalización en territorio bonaerense, enfrenta graves críticas desde sectores libertarios y del PRO, que lo acusan de errores estratégicos y falta de apertura en las negociaciones con intendentes aliados. A pesar de haber celebrado públicamente el despliegue de “45 mil fiscales”, la logística electoral fue duramente cuestionada.
Lule Menem, por su parte, también quedó en la mira. Su rol como operador político cercano a Karina Milei lo convierte en una figura clave, pero también vulnerable: su permanencia es vista como una señal de que el Presidente no quiere “quitarse poder a sí mismo” al tocar el círculo íntimo de su hermana.
Ambos funcionarios evitaron hacer declaraciones ante la prensa, mientras crecen los rumores sobre posibles cambios en el esquema político de LLA. El vocero presidencial, Manuel Adorni, anunció que se ampliará la “mesa política de la Provincia de Buenos Aires”, en lo que se interpreta como un intento de oxigenar el armado sin ejecutar despidos inmediatos.
La derrota bonaerense se suma a traspiés en Corrientes, Santa Fe y otras provincias, donde el dúo Karina-Lule Menem no logró consolidar alianzas locales. En particular, se señala la negativa a ceder espacios a intendentes como Passaglia y Petrecca, lo que derivó en la formación de fuerzas disidentes que fragmentaron el voto libertario.
Mientras algunos sectores del oficialismo piden un “giro de timón” y la reincorporación de figuras como Santiago Caputo en la estrategia nacional, otros apuestan por resistir y evitar decisiones “en caliente” que puedan debilitar el núcleo duro del poder libertario.
La escena en Casa Rosada, con Lule y Pareja en silencio, pero presentes, sintetiza el momento: tensión, repliegue y una pulseada interna que definirá el rumbo de LLA de cara a las elecciones nacionales del 26 de octubre.