La renuncia de Demian Axel Reidel a la presidencia de Nucleoeléctrica Argentina marca un nuevo capítulo en la turbulenta relación entre política y gestión energética en el país. El físico y economista, que había asumido el cargo en abril de 2025, presentó su dimisión el 9 de febrero de 2026, en medio de crecientes cuestionamientos por presuntas irregularidades en contrataciones y por el origen de fondos con los que canceló una millonaria deuda personal en tiempo récord. Aunque Reidel negó cualquier acto de corrupción, la presión política y mediática terminó por aislarlo y precipitar su salida.
Su gestión estuvo atravesada por la polémica desde el inicio. Una frase suya —“el problema de Argentina son los argentinos”— se convirtió en símbolo de su estilo frontal y generó rechazo tanto en la oposición como en sectores aliados. A esto se sumaron denuncias de sobreprecios en licitaciones vinculadas a la operación de las centrales nucleares, un área estratégica para la matriz energética nacional. La combinación de controversias personales y sospechas administrativas debilitó su posición hasta hacerla insostenible.
El Gobierno designó como sucesor a Juan Martín Campos, ex presidente de Dioxitek, empresa estatal dedicada a la producción de dióxido de uranio. Su llegada busca estabilizar la conducción de Nucleoeléctrica en un momento crítico, con proyectos nucleares en curso y la necesidad de recuperar credibilidad tanto en el plano interno como en el internacional. El relevo no solo implica un cambio de nombres, sino también un intento de recomponer la confianza en una compañía clave para el futuro energético argentino.
La salida de Reidel deja abiertas varias preguntas sobre el rumbo de la política nuclear del país. Por un lado, expone la fragilidad institucional de las empresas estatales cuando se convierten en escenario de disputas políticas y escándalos mediáticos. Por otro, obliga a repensar cómo se garantiza la transparencia en sectores estratégicos donde la confianza pública es tan importante como la eficiencia técnica. En ese cruce entre política, energía y sociedad se jugará ahora la legitimidad de la nueva gestión.