La reforma laboral llega al recinto después de haber atravesado un áspero debate en Diputados, donde se logró la media sanción tras eliminar el artículo referido a licencias por enfermedad. El proyecto apunta a flexibilizar condiciones de contratación y modificar el esquema de indemnizaciones, bajo el argumento de “modernizar” el mercado de trabajo. Mientras tanto, sindicatos y organizaciones sociales se movilizan en las inmediaciones del Congreso para expresar su rechazo, en un clima que anticipa un fuerte choque entre la calle y el recinto.
El segundo eje de la sesión será la reforma del Régimen Penal Juvenil, que propone bajar la edad de imputabilidad de 16 a 14 años. El oficialismo defiende la iniciativa como una actualización necesaria del sistema penal, pero la oposición y organismos de derechos humanos advierten sobre las consecuencias sociales y jurídicas de criminalizar más tempranamente a los adolescentes. El debate promete ser intenso y polarizado, con discursos que cruzan argumentos técnicos, ideológicos y de seguridad pública.
La sesión extraordinaria se convierte así en un escenario de definiciones políticas. El oficialismo busca cerrar con una victoria que le permita llegar fortalecido al inicio de las sesiones ordinarias, mientras la oposición intenta marcar límites y exponer las tensiones que atraviesan al Gobierno. En paralelo, varios gremios nucleados en el FreSu encabezan protestas en las calles y se preparan para marchar cerca de las 10 al edificio del parlamento, aunque la CGT ya anunció que no participará de la movilización, pero el lunes presentará un recurso de inconstitucionalidad en la Corte, dando por descontado que el proyecto de reforma laboral se convertirá en ley.