El menú fue deliberadamente sencillo: empanadas de carne como entrada, asado con ensaladas como plato principal y helado de postre, acompañado por gaseosas y vino. La austeridad buscó reforzar la narrativa presidencial de cercanía con “la gente común”, en contraste con la teatralidad del discurso parlamentario.
Entre los asistentes se destacaron los bloques aliados del PRO y la UCR, además de la totalidad del Gabinete nacional y legisladores de La Libertad Avanza. También participaron legisladores libertarios y dirigentes cercanos al oficialismo. Algunos sectores opositores decidieron no asistir, marcando distancia del gesto presidencial.
A diferencia de lo ocurrido en el Congreso, Milei evitó pronunciar un discurso formal en Olivos. Prefirió el contacto cara a cara, con conversaciones más pragmáticas sobre la estrategia legislativa y la necesidad de sostener la disciplina en votaciones clave. El clima fue distendido, pero con un trasfondo de rosca política: se tantearon posibles acuerdos y se reforzó la idea de que la confrontación pública puede convivir con negociaciones discretas