El gesto de Villarruel se produjo en paralelo a otra polémica: el viaje de la esposa del jefe de Gabinete Manuel Adorni. La salida al exterior de la pareja del funcionario fue interpretada por sectores opositores como un signo de desconexión con la realidad económica que atraviesa el país, mientras que desde el oficialismo se intentó minimizar el episodio.
La combinación de ambos hechos —la crítica velada de la vicepresidenta y la exposición pública de la vida privada de un funcionario clave— alimenta el clima de incomodidad dentro del Gobierno. En un contexto de alta sensibilidad social, cada gesto y cada palabra adquieren un peso político que trasciende lo anecdótico.

En medio de la controversia, Adorni explicó que su esposa lo acompañó en el avión presidencial porque su agenda en Nueva York sería “extenuante” y deseaba contar con su apoyo personal. “Vengo una semana a deslomarme a Nueva York, quería que me acompañe”, afirmó el ministro coordinador, subrayando que la presencia de Bettina Angeletti no generó ningún costo extra para el Estado y que fue invitada por Presidencia.
El funcionario también intentó relativizar las críticas al remarcar que su pareja no tuvo un rol oficial en la comitiva, sino que se trató de una decisión personal. “Era mi deseo que estuviera conmigo en un viaje que implica sacrificio y mucho trabajo”, sostuvo, en referencia a las actividades de la Argentina Week 2026 en Nueva York, donde participaron empresarios, gobernadores y parte del gabinete nacional.