Argentina está expandiendo rápidamente su rol en los mercados globales de carne vacuna, con exportaciones que alcanzan sus niveles más altos en décadas y envíos que crecen de manera significativa hacia destinos clave como China y Estados Unidos, según datos oficiales. Nuevos marcos comerciales que amplían el acceso a los mercados de Estados Unidos y la Unión Europea probablemente continúen impulsando esta tendencia.
Mientras que la Unión Europea exige cada vez estándares ambientales más estrictos a sus socios comerciales en el marco de su Pacto Verde, otros mercados importantes imponen muchas menos condiciones ambientales a las importaciones. Existe una brecha regulatoria en el comercio global: los productores pueden aumentar sus exportaciones sin necesariamente cumplir con mayores salvaguardas ambientales vinculadas a la deforestación, la protección del agua o la conservación de ecosistemas.
Esto coincide con presiones para flexibilizar las protecciones ambientales a nivel local. Los debates actuales en Argentina en torno al debilitamiento de las protecciones ambientales —desde la propuesta de reforma del régimen de protección de glaciares hasta discusiones más amplias sobre desregulación— plantean interrogantes sobre cómo el comercio global impacta en las política ambientales domésticas y qué lugar ocupan estas políticas cuando el foco está puesto en el crecimiento del comercio.
En este contexto, Argentina ya enfrenta impactos asociados a la expansión productiva vinculada a la deforestación en el Gran Chaco, la segunda región forestal más grande de Sudamérica después del Amazonas. La expansión agropecuaria, incluida la producción de soja destinada en gran medida a alimentar la cadena ganadera, ha estado asociada a procesos de conversión de bosques en esta región, según evidencia de Global Forest Watch (una plataforma internacional de monitoreo de bosques basada en imágenes satelitales), lo que refleja cómo la intensificación orientada a la exportación puede ejercer presión sobre los ecosistemas.
En línea con este escenario, investigaciones de Sinergia Animal en Argentina sobre mercados de comercialización animal evidencian brechas en los estándares de bienestar a lo largo de la cadena productiva (Investigación revela extrema crueldad animal en mercados de subastas en Argentina y Chile), reforzando la idea de que el crecimiento productivo no siempre está acompañado por marcos de protección equivalentes.
Impactos en las cadenas productivas y el bienestar animal
Cuando se prioriza el crecimiento de las exportaciones en mercados que no exigen responsabilidad ambiental, existe el riesgo de una competencia a la baja en estándares ambientales y de bienestar animal, en la que los ecosistemas, la seguridad hídrica y la salud pública se convierten en daños colaterales de las cadenas globales de suministro de alimentos.
“El crecimiento de las exportaciones de carne de Argentina forma parte de un sistema alimentario global cada vez más interconectado, pero no puede darse sin considerar sus impactos sobre los ecosistemas, los recursos naturales y el bienestar animal. En un contexto de expansión productiva y estándares desiguales entre mercados, existe el riesgo de que las salvaguardas ambientales y de protección animal no avancen al mismo ritmo que el comercio. Un comercio sostenible debería fortalecer estos estándares en lugar de debilitarlos”, enfatizó Romina Viscarret, directora de Sinergia Animal en Argentina.
La producción animal en nuestro país no se limita a la carne vacuna. Según datos de la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA), en 2025 Argentina se convirtió en el mayor consumidor de huevos del mundo, con 398 unidades per cápita por año y una producción de casi 19 mil millones de huevos. Para hacer esto posible, más de 62 millones de gallinas viven confinadas en jaulas durante toda su vida. Las jaulas en batería convencionales que se utilizan actualmente en el país dejaron de usarse en la Unión Europea en 2012. Ante este panorama, Viscarret aseveró que “En un contexto donde la producción y exportación de proteínas animales se intensifica, si Argentina lidera en consumo, también debería aspirar a liderar en estándares de bienestar animal”.