La vicepresidenta había confirmado su presencia en la misa organizada por la Conferencia Episcopal Argentina, pero a último momento cambió de planes. Según explicó, la ceremonia en Luján se había “politizado” y perdió el sentido de recogimiento que, a su entender, debía tener un homenaje al Papa. “Hoy es solo el día del Papa Francisco. Quiero recordar y reconocer a esta figura tan importante para los argentinos. Me pareció que en la ceremonia de Luján estaba lo peor de la casta política. Soy coherente con mis creencias y quiero estar entre mis compatriotas”, declaró Villarruel al salir de la iglesia en Almagro.
En Luján, la misa reunió a gran parte del arco político nacional, incluidos el jefe de Gabinete Manuel Adorni, el presidente de la Cámara de Diputados Martín Menem, ministros del gobierno y el gobernador bonaerense Axel Kicillof. La vicepresidenta tenía reservado un lugar en primera fila, pero finalmente optó por no compartir espacio con dirigentes a los que identifica como parte de la “casta”.
La decisión de Villarruel se da en un contexto de tensiones internas dentro del oficialismo. Su ausencia en un acto de alto perfil, acompañado de declaraciones críticas hacia la dirigencia política, refuerza la distancia que mantiene con algunos funcionarios del propio gobierno. Al mismo tiempo, buscó remarcar su perfil católico y su intención de rendir homenaje al Papa en un plano estrictamente espiritual, lejos de lo que consideró una utilización política de la figura de Francisco.