Las condiciones climáticas de esta región —con amplitud térmica, vientos secos, cercanía al Atlántico y suelos comparables a los del Mediterráneo europeo— permiten obtener aceites de oliva virgen extra de excelencia, reconocidos nacional e internacionalmente. En este corredor productivo y turístico, destinos como Coronel Dorrego, Bahía Blanca, Tornquist, Coronel Pringles, Puán y Adolfo Alsina ofrecen propuestas que combinan gastronomía, naturaleza, bienestar, cultura y experiencias participativas en torno a la oliva.
Coronel Dorrego se consolidó como uno de los grandes referentes olivícolas bonaerenses. Además de sus extensos paisajes rurales y su cercanía al mar, el distrito alberga emprendimientos que integran producción, innovación y turismo. Allí, Estilo Oliva -IG @estilooliva- desarrolla prácticas sustentables en sus fincas Don Nicolás y Familia Hollender, donde durante el otoño las actividades incluyen recorridos guiados, participación en la cosecha, catas de aceite de oliva virgen extra, almuerzos campestres, yoga y talleres de bienestar vinculados al uso integral de la oliva.
“Organizamos visitas guiadas durante los fines de semana y feriados, generalmente hasta mediados del otoño. La gente llega a la finca, conoce todo el proceso de cosecha y el traslado de la aceituna hacia la fábrica. También participa simbólicamente de la recolección manual y puede elaborar su propio aceite. Después de esta etapa continuamos con catas y almuerzos por pasos, donde el visitante puede degustar nuestro aceite en distintas preparaciones”, explicó Federico Hollender, referente de Estilo Oliva.
El mismo destino turístico alberga a Finca Rumaroli -IG @fincarumarolioficial-. Con tecnología italiana de última generación para garantizar una molienda rápida y preservar las propiedades del fruto recién recolectado, desarrolla visitas que permiten conocer cómo las aceitunas pasan del árbol a la almazara en pocas horas, mientras especialistas explican aromas, perfiles y características de cada variedad.
Dentro del mismo distrito, en la localidad de Faro —ubicada sobre la Ruta Provincial 72 y reconocida por sus playas agrestes y el histórico Faro Recalada a Bahía Blanca—, Capilla Nuestra Señora del Olivo suma un perfil histórico y espiritual a la ruta turística. El espacio funciona en la antigua vivienda del cambista ferroviario de la estación local, restaurada y transformada en capilla en 2015. Allí se realizan visitas guiadas y recorridos históricos que conectan patrimonio ferroviario, religiosidad y paisaje rural.
En la localidad de Puán, el paisaje combina lagunas, patrimonio cultural y paisajes serranos. En ese entorno se encuentra Epu Antu -@epuantu.oliva-, emprendimiento impulsado desde 2006 por la Cooperativa de Servicios y Obras Públicas local para fomentar la olivicultura regional. Su nombre significa “Tierra de los Dos Soles” en lengua mapuche, en referencia al reflejo solar sobre la laguna cercana. Ofrece guiadas por el olivar y la almazara, degustaciones guiadas y actividades de cicloturismo entre hileras de árboles. Entre los paisajes serranos de Tornquist, Olivares de las Sierras nació como un proyecto académico y con los años se convirtió en una referencia del oleoturismo bonaerense. La finca propone catas con maridajes, picnics en el olivar, recorridos técnicos y actividades recreativas para las infancias.
Muy cerca, en el paraje Fra-Pal, municipio de Coronel Pringles, cerca del cordón Pillahuincó, Olivares La Loma -@olivareslaloma- desarrolla una producción artesanal y sustentable con más de mil plantas de variedades como arbequina y picual. Allí, la recolección continúa realizándose manualmente para preservar la calidad de cada aceituna antes del prensado en frío y sin filtrar.
Bahía Blanca, ubicada a aproximadamente 650 kilómetros de Capital Federal y considerada la puerta de entrada al sudoeste bonaerense, concentra otra parte fundamental de la Ruta del Olivo. Además de su perfil portuario, cultural y gastronómico, la ciudad y sus alrededores impulsan una creciente actividad ligada al oleoturismo.
En Finca Nobles Caciques -IG @fincanoblescaciques-, situada sobre la vieja Ruta 3 a pocos kilómetros de la ciudad, olivares y viñedos conviven en un mismo paisaje. El establecimiento, reconocido por sus aceites premiados y su filosofía sustentable, organiza catas guiadas de aceite y vino, mientras visitantes aprenden a identificar aromas, intensidades y atributos sensoriales propios de cada variedad.
Por su parte, el emprendimiento Finca Oliva Olivos -@fincaolivaolivos- transforma la cosecha en una experiencia participativa para toda la familia. Comenzó con 14 hectáreas y, en la actualidad, supera las 3.600 plantas de olivo. Durante mayo, la finca organiza jornadas especiales donde quienes participan recorren el olivar, conocen las técnicas de recolección y observan el funcionamiento de la almazara, donde el aceite se extrae pocas horas después de la cosecha para conservar su calidad.
La propuesta incluye cosecha participativa, degustación de aceite recién elaborado y almuerzos o meriendas campestres en el restó de la finca, con menús de varios pasos, alternativas vegetarianas y opciones para las infancias. Además, el espacio cuenta con casa de té, tienda de productos regionales y experiencias especiales como cenas a la luz de la luna entre olivares.
En Cabildo, localidad ubicada a 50 kilómetros de Bahía Blanca dentro del mismo distrito, Olivos del Napostá -IG olivosdelnaposta- propone una experiencia que integra bienestar, salud y producción olivícola. En las 100 hectáreas atravesadas por el arroyo Napostá, las jornadas de cosecha incluyen recorridos guiados, participación comunitaria en la recolección y degustaciones de AOVE. “Tenemos distintas formas de cosecha. Una es la recreativa y turística, pensada para quienes vienen a disfrutar de un día de campo y vivir de cerca el proceso. Recorren el olivar, cosechan manualmente y pueden ver cómo el fruto que recolectaron con sus propias manos se transforma en aceite en la almazara ubicada junto al predio. La cosecha productiva la realizamos nosotros junto a trabajadores contratados, pero siempre dejamos algunos árboles para que quienes nos visitan puedan participar”, señaló Víctor Hugo Serafini, director general de Olivos del Napostá.
El establecimiento también organiza encuentros gastronómicos donde sobresale el cordero patagónico mediterráneo al asador.
“Nuestras cosechas son ciento por ciento manuales. Utilizamos unos ‘canguros’, unas bolsas especiales que evitan que la aceituna toque el suelo. Privilegiamos el contacto de las manos con el fruto y con las hojas, acariciando la planta en lugar de castigarla”, agregó.
En la colonia San Miguel Arcángel, donde aún se conserva viva la herencia cultural de los alemanes del Volga, Recóndito Olivares -@reconditoolivares- combina olivicultura, turismo rural y permacultura en un entorno marcado por la espiritualidad y el arraigo comunitario. En su predio organiza experiencias sensoriales que incluyen caminatas guiadas, recorridos por la huerta y el monte frutal y encuentros en un refugio construido con barro, madera y materiales reciclados. Allí se sirven desayunos y meriendas con productos locales, incluyendo el Olivalatte, una infusión elaborada con hojas de olivo y leche que se convirtió en uno de los sellos distintivos del emprendimiento.
Mientras avanza el otoño, cuadrillas, productores y visitantes comparten jornadas donde tradición, naturaleza y turismo se entrelazan. Algunas fincas realizan recolección manual; otras incorporan sistemas mecanizados o modelos intensivos que agilizan el trabajo sin perder calidad. En todos los casos, el objetivo es el mismo: que la aceituna llegue rápidamente a la almazara para preservar intactos aromas, sabores y propiedades.
La Ruta del Olivo invita así a descubrir una faceta distinta de la provincia de Buenos Aires. Entre sierras, lagunas, pueblos rurales y olivares que se extienden sobre el horizonte, el sudoeste bonaerense encuentra en el otoño una de sus postales más auténticas: manos cosechando, aceites recién elaborados, mesas compartidas y experiencias que conectan con la tierra, la calma y los sabores del Mediterráneo en suelo argentino.
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