La controversia comenzó cuando Patricia Bullrich, jefa del bloque libertario en el Senado, comunicó que Adorni no asistiría el 2 de julio a presentar su informe de gestión. Según su explicación, la decisión buscaba evitarle un “castigo público” de la oposición, que planeaba interpelarlo durante horas en el recinto. Bullrich sostuvo que no había preguntas formales para el funcionario y que exponerlo en ese contexto carecía de sentido.
Sin embargo, apenas horas después, Adorni desmintió esa versión con un mensaje en X: “Estoy a disposición para presentarme el día 2 de julio próximo al Honorable Senado de la Nación para brindar el informe de gestión como marca la Constitución Nacional. Fin”. Con esa frase, buscó despejar dudas y marcar distancia de la narrativa de Bullrich.
La contradicción generó un inmediato operativo de desmarque en la Casa Rosada. Voceros del Ejecutivo aclararon que la decisión no había sido acordada con Bullrich, sino que surgió de reuniones entre Adorni, Karina Milei y senadores oficialistas. El trasfondo es claro: el informe de gestión se convirtió en un campo de batalla donde la oposición pretendía montar un “show” para presionar al jefe de Gabinete, investigado por presunto enriquecimiento ilícito.
Bullrich, por su parte, se diferenció aún más al no asistir a las reuniones en la Rosada y al insistir en que el funcionario debía dar un paso al costado. Su postura la convirtió en la voz más crítica dentro del oficialismo respecto de los gastos que Adorni no logra justificar.
El episodio refleja un malestar interno creciente en La Libertad Avanza. Por un lado, Adorni intenta sostener su rol y mostrarse dispuesto a cumplir con la Constitución. Por otro, Bullrich marca distancia y advierte que no hay respaldo suficiente para enfrentar la presión opositora. La tensión se suma al fracaso de la oposición en Diputados, donde no logró reunir quórum para interpelar al jefe de Gabinete, pero sí dejó en evidencia la fragilidad del oficialismo en el Congreso.
En definitiva, las versiones cruzadas entre Adorni y Bullrich no solo exponen diferencias personales, sino que revelan una mesa política agrietada, con fisuras que complican la estrategia del Gobierno en un momento de alta sensibilidad institucional.