"Estaba destruido anímicamente", resumió Santilli al explicar el estado en el que encontró a Adorni durante la transición. Según el flamante coordinador del Gabinete, el ahora exfuncionario decidió apartarse para afrontar su situación judicial sin ocupar un cargo público y sin recurrir a privilegios políticos.
Las palabras de Santilli contrastan con la estrategia que mantuvo la Casa Rosada durante los últimos meses, cuando buscó minimizar el desgaste generado por la investigación que involucra a Adorni. Mientras el Presidente insistió en defender su inocencia y sostuvo que las denuncias respondían a una campaña política, el nuevo jefe de Gabinete reconoció por primera vez el profundo impacto personal que el escándalo había provocado puertas adentro.
Santilli también aseguró que el peso de las acusaciones y las amenazas contra la familia de Adorni terminaron por inclinar la balanza hacia una renuncia que, según explicó, ya era irreversible. "El peso de lo que tenía sobre su espalda lo abarrotó", afirmó al describir el deterioro emocional del exfuncionario.
La revelación llegó apenas horas después de que Javier Milei volviera a respaldar públicamente a Adorni, al sostener que continúa creyendo en su inocencia y que la Justicia todavía no emitió ninguna condena en su contra. Sin embargo, el reconocimiento de Santilli dejó en evidencia que, más allá de la defensa política del Presidente, la presión interna ya había hecho insostenible la continuidad del exvocero.
Con Santilli al frente de la Jefatura de Gabinete, el Gobierno apuesta ahora a cerrar uno de los capítulos más incómodos de la gestión y recuperar la iniciativa política. Pero la frase sobre un Adorni "anímicamente destruido" terminó revelando mucho más que el estado de un funcionario: expuso el costo que la crisis tuvo en el corazón mismo del poder libertario.