La salida de Ferraresi de Avellaneda sorprendió a la interna peronista bonaerense. El dirigente, histórico aliado de Cristina Kirchner pero cada vez más cercano al gobernador Axel Kicillof, resolvió tomarse licencia en el cargo y dejar al mando a su esposa y jefa de Gabinete, la arquitecta Magdalena Sierra, quien asumió con un mensaje de continuidad. “Es un honor continuar el camino que inició Jorge Ferraresi. Con enorme dedicación, transformó profundamente nuestra ciudad y la convirtió en un modelo de gestión”, expresó Sierra al anunciar su desembarco en la intendencia.
Ferraresi participó días antes de un plenario del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en La Plata, el espacio político que impulsa Kicillof como plataforma de construcción hacia 2027. Allí, el gobernador instó a sus intendentes a “tomar decisiones y actuar”, en un gesto que muchos interpretaron como un aval a la jugada de Ferraresi.
El exministro de Desarrollo Territorial y Hábitat ya había deslizado su intención de competir por la gobernación. “Hay posibilidad”, reconoció en abril, al tiempo que dirigentes como Andrés “Cuervo” Larroque respaldaron públicamente su desembarco en la política provincial. La decisión de dejar Avellaneda lo posiciona como uno de los nombres fuertes del “axelismo” en la carrera por la sucesión, en tensión con los sectores de La Cámpora.
La movida también reconfigura el mapa del conurbano: Avellaneda, bastión del kirchnerismo, queda bajo la conducción de Sierra hasta 2027, mientras Ferraresi se dedica a recorrer la provincia. El objetivo es instalar su perfil como gestor con experiencia y proyectar un liderazgo que trascienda lo local. En un contexto de crisis económica y social, su desafío será convencer al electorado bonaerense de que puede ser alternativa de poder frente al oficialismo nacional y las fuerzas opositoras.