La alianza política que el PRO y La Libertad Avanza construyeron en la provincia de Buenos Aires volvió a exhibir señales de desgaste en la Legislatura bonaerense, donde las diferencias entre ambos espacios quedaron nuevamente expuestas durante el tratamiento de distintos proyectos y en la estrategia parlamentaria que cada bloque pretende imprimirle a la agenda legislativa. La situación volvió a poner de manifiesto que, pese al acuerdo político alcanzado para competir electoralmente, la convivencia entre macristas y libertarios continúa atravesada por desconfianzas y disputas internas.
Las tensiones no son nuevas. Desde la conformación del frente electoral, la relación entre dirigentes del PRO y referentes libertarios estuvo marcada por diferencias sobre la conducción política del espacio y el reparto de poder tanto en la Legislatura como en los armados territoriales. Si bien ambas fuerzas mantienen coincidencias en el objetivo de enfrentar al peronismo bonaerense, en la práctica las negociaciones parlamentarias muestran que todavía no existe una coordinación plena entre los bloques.
Fuentes legislativas admiten que las diferencias se hicieron evidentes en las últimas discusiones internas, donde volvieron a aparecer posturas encontradas respecto de la estrategia parlamentaria y del posicionamiento frente a iniciativas impulsadas por el oficialismo provincial. El escenario refleja una convivencia compleja entre sectores del PRO que buscan preservar identidad propia y dirigentes libertarios que pretenden consolidar el liderazgo político del espacio encabezado por Javier Milei.
La situación también reavivó viejas heridas que arrastra la coalición desde antes de la conformación del frente electoral. Las discusiones entre dirigentes cercanos a Mauricio Macri y el armado político que responde a Karina Milei y Sebastián Pareja nunca terminaron de saldarse y periódicamente reaparecen tanto en la Legislatura como en los distritos bonaerenses.
Pese a esas diferencias, en ambos espacios reconocen que el objetivo electoral común obliga a sostener la alianza, al menos mientras dure el proceso político abierto en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, cada nuevo desacuerdo parlamentario alimenta las dudas sobre la solidez de un entendimiento que, más allá de la foto de unidad, continúa mostrando dificultades para traducirse en un funcionamiento legislativo coordinado.