El Presidente recorrió a pie los metros que separan la Casa Rosada de la Catedral Metropolitana, escoltado por el flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli, y seguido por ministros, asesores y legisladores de La Libertad Avanza. En el trayecto se detuvo a acariciar a los caballos del Regimiento de Granaderos, gesto que buscó transmitir cercanía y espontaneidad en medio de la liturgia patria. La caminata, con la plana completa de su administración detrás, funcionó como una postal de unidad tras semanas de tensiones internas.
La ausencia de Victoria Villarruel fue notoria. Aunque ambos habían coincidido en la vigilia de Tucumán, donde la vicepresidenta calificó de “muy político” el discurso presidencial, no fue invitada por la Secretaría General de la Presidencia al Tedeum. El vacío en la primera fila reforzó la idea de un distanciamiento creciente entre las dos máximas autoridades del Ejecutivo.
Dentro de la Catedral, Milei se persignó ante el altar y saludó a Jorge Macri y a su familia, incluso a su hijo recién nacido. El gesto fue interpretado como un intento de dejar atrás viejos resquemores con el alcalde porteño. La homilía estuvo a cargo del arzobispo Jorge Ignacio García Cuerva, quien llamó a superar el individualismo y la mezquindad política, y pidió “respetar a los demás” y “compadecerse de sus angustias”. Frente al Presidente y su Gabinete, el mensaje resonó como una advertencia sobre la necesidad de diálogo y apertura.
Al término de la ceremonia, Milei regresó con su equipo a la Casa Rosada para encabezar la primera reunión de Gabinete bajo la coordinación de Santilli, tras la salida de Manuel Adorni. Según fuentes oficiales, el temario incluyó la discusión sobre la modificación de la carta orgánica del Banco Central, en línea con las reformas que el Presidente defiende como parte de una “segunda independencia”.